viernes, 27 de enero de 2012

En la boca hueca

“Si no hay nada para decir, la muerte se parece al silencio”

Los aplausos lo encienden
y así comienza el juego,
muecas repetidas,
pirueta que ya no entretiene,
giro libre para
volver
al
inicio
sin
moretones.
Siempre
una palabra
que roce la superficie,
una palabra que no contagie,
que sirva de señuelo,
una boca hueca,
alargada en su propio ruido.
Nada de esto importa;
si el público se ofrece generosamente
el escenario queda resuelto.
El verdadero truco está
en repetir una franquicia
hasta creerla propia,
lo que se espera de uno
es similar a lo que no se es
y el resultado del poema
visita el barrio
y todo le indica que él se ha ido.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Soles Negros

Anoche soñé el fin del mundo
Y no era trágico.
Todo sucedía en un baño público
con cigarros y cerveza yendo de boca en boca.
Soñé con aullidos
con la cama desecha
la basura en un costado
papeles colgaban de los ventiladores.
Soñé con la lengua latinoamericana
insultada,
insultándome,
pronunciando nombres rápidamente,
recitando poemas en un bar peronista.
Soñé con la aurora, la noticia de tu desvelo
y todo parecía cerrar el escenario,
luces circulares
poemas,
libros
y poetas por el piso,
sillones destrozados
fantasmas cruzados en la noche
ni ficciones, ni realidades
solo alteraciones de la conciencia.
Soñé con la muerte de los soles negros,
Orinando en un baño público,
con cigarros y cerveza yendo de boca en boca.
Soñé que me tocaban con ceniza la frente,
la memoria quema hasta en los sueños.

martes, 12 de abril de 2011

A nadie le importa...

A nadie le importa cuántos cuerpos caen blandos a la orilla de tus sueños,
Ni la suma indescifrable de los ocasos de esta ciudad desierta.
Aquí, cerca, muy cerca,
con el estetoscopio que cuelga de tus oidos,
sintiendo el latido violento
de una mina bajo el suelo,
Incrustada en el recuerdo,
en la memoria de la guerra.
Destellos de pólvora seca en el gabán
y el miedo que ya no sabe subir por las piernas.
Antes por lo menos habia un tartamudeo sordo
entre los dientes,
ahora ni eso,
ni una mueca que entretenga
este oficio de deshacer,
de corregir orfandades.
Y de chico querías ser doctor
mientras jugabas con el estetoscopio,
ese mismo que cuelga,
ésa maquina de palpar agresiones
que no cura el origen de todo esto,
de tanta mentira derramada en el mundo,
de la oquedad sanguínea de la muerte.
Ya no sabes qué estallido se llevó al doctor,
ni porqué pareces estar solo en esta ciudad,
sólo te queda una certeza en mente,
a nadie le importa cuántos cuerpos caen blandos a la orilla de tus sueños.

viernes, 11 de febrero de 2011

Lengua

Yo quería una lengua,
lengua chata, plana,
como piedra lamida por la noche,
y en vez de eso
me tocó esta lengua
huérfana de historia,
que no desanda caminos,
Ni lengua aborigen,
ni lengua olvidada en la legua,
ni desteñida por los años,
ni empapada de conocimientos.
Yo quería una lengua chata,
una para poder someter a mis anhelos,
y me tocó aprender a usar esto,
que cabe en un borrador,
en un cuaderno de viajero.
Lengua de ruta sudamericana,
lengua de países en constante construcción,
lengua de la experiencia.
Mi lengua,
lengua de alcohol,
que quiere decir el mundo
y abarca sólo una manzana del barrio,
lengua de ciudad con puertas abiertas,
de angustias, de placeres efímeros,
de amigos en retorno,
de versos entonados sin vergüenza.
Mi lengua, la que me conjuga,
la que pone el final a los poemas
va a devolverme a la cama,
Muda, Abierta,
como trampa para pájaros.

domingo, 14 de noviembre de 2010

X

No estoy apurado,
corro, pero no es el tiempo
el que me persigue.
Anoche murió alguien
baleado en plaza de Once,
y siento que debo escribir por él,
escribirle una palabra en la boca muda,
partirle la noche en dos,
un alba que calme sus voracidades.

No estoy apurado,
escribo sin parar,
trato de abstraerme de la hoja,
de la muerte ajena
que me toca como un viento frío.
Es de día, el noticiero así lo dice,
el desayuno sobre la mesa,
el pan groseramente negro.
Una naranja seca rueda hasta mis manos,
todo parece ser tan ajeno
y sin embargo tan sentido.

No estoy apurado,
estoy frente a una bruma blanca
que destruye todo a su paso,
una bruma que va
de los otros a mí,
de mí a los otros.
En instantes habremos tolerado todo,
nos veremos a la cara como extraños
y negaremos toda historia contada.

No estoy apurado,
escribo sobre la marcha.
Nunca será demasiado tarde
para ver caer mis fantasmas.
No hay mentiras,
sólo verdades desnarradas.
No, no estoy apurado,
los personajes de mis poemas
han venido a verme,
siento su abrigo,
su triste memoria.
Planean enterrarme
y festejar mi ausencia;
lo sé porque me lo han dicho al oído
en mis sueños.

No estoy apurado.
volveré de noche
cantando al galope,
tartamudeando versos alegremente.
Habré llenado de amigos el calendario
y todos vendrán a saludarme.
Para ese entonces, espero,
la televisión no dé las coordenadas del fin del mundo,
de una u otra manera
será otro programa para saltear con el control remoto.

lunes, 17 de mayo de 2010

miércoles, 10 de febrero de 2010

Tres poemas

* Nota previa: el Blog nunca se caracterizó por la regularidad de las publicaciones y en esta ocasión voy a publicar más de un poema, ya que no actualizo hace mucho tiempo.

De las formas posibles...

De las formas posibles,
de los mundos posibles,
nos ha tocado éste.
En una creciente evolución
hemos aprendido a ver las cosas,
las realidades de la realidad, las caras secretas del hombre.
Creo, que no hay otro modo,
aprender es ver,
ver por ejemplo la figura de la bandada en el pájaro,
el hombre solo en la multitud,
o la multitud en el hombre.
Hay formas invertidas en las cosas,
sombras que absorben los objetos…
En éste intento de entender el mundo, soy.
En él soy la vida que perdura,
Soy la imagen que se desnace en un fuego interno.
De un instante a otro he aparecido en este mundo,
pero importo sólo en la medida en que pueda descifrar las cosas.
Ésa es la señal,
el camino de lo justo.
Lo único que puede salvarnos es la continuidad de la creación,
un objeto que de vida y nos mate en el mismo momento.



El Borde


La voluntad de un hombre
puso a un pueblo bajo un puente.
Los sin suelo, ven la luz
a través de las hendiduras de acero que forman su cielo,
de vez en cuando llega un sol lineal hasta ellos.
Cuando están contentos
alzan su espíritu
y cantan un canto ciego,
una voz sin fronteras, ni territorio
que arrastra las plegarias de todos sus nombres
y vuelve en forma de luz entre las vigas del puente.
Cuando su canto es triste,
la luz forma sombras oscuras,
personajes mitológicos de cien brazos y cien piernas
que bailan al unísono el ritmo de la miseria.
Todo esto ocurre en el borde,
mientras, el núcleo ordena callar la voz,
abrir las compuertas de un dique para llevarse el baile y el canto,
y que los cuerpos floten a la deriva por semanas o meses
hasta encontrar otro suelo
en el que su canto pueda aliviar
el brote de la miseria.


Inventar el cielo

Un hueco de luz
traza una línea desde el cielo
hasta el borde de la mesa.
El poeta,
que escribe sin ver la luz,
asciende en ella.
Los ojos del mundo creen haber visto un milagro
y con el tiempo consiguen olvidarlo.
A veces no hace falta ser pájaro,
ni tener alas
para inventar el cielo a medida que uno vuela,
sólo es necesario usar la palabra.